jueves, noviembre 24, 2005

Historia del gallo por partes/II

Riña de gallos

Gran contienda se establece entre los dos gallos. En una esquina, el viejo, peso pluma, de la otra, el nuevo, pluma pero de ganso. El viejo, sentado en una silla rota abandonada en el granero, el otro, en un cajón de fruta, los dos con las patas cruzadas y fumando cigarrillos con envoltura de chalas de maíz.
-Al fin de cuentas, era necesario que las andadas del amo se descubrieran alguna vez. Está mal pretender a la mujer de otro. ¿Qué conciencia moral tiene ese hombre?- argumenta el gallo viejo.
-Ya sabés que Locke sostiene que no hay nociones morales eternas, que la conciencia es la opinión que nosotros tenemos de la rectitud moral de nuestras acciones. Si a él le parece que lo que hace está bien, ni vos ni nadie puede contradecirlo... Además, sos el menos indicado para hablar, porque todos saben que Cocoquita te mueve el piso, y ella es casada y con hijos (1). Además, estás al servicio del amo, no podés cuestionar sus acciones y actuar en consecuencia, obteniendo a la vez rédito por trabajar para él. – responde el nuevo.
-¿ De qué rédito me estás hablando, de unas pocas semillas prácticamente incomibles?
-Bueno... en definitiva es como dice Kant: el valor moral de una acción reside únicamente en el principio por el cual se la realiza, no en aquello que se quiere lograr. No debés trabajar por la recompensa, sino porque trabajar supone un esfuerzo valioso en sí. El deber, amigo, el deber y la buena voluntad...
-¿Vos, bicharraco obsecuente, me vas a decir eso? Además, para Kant también es un deber asegurar la felicidad propia. Por otra parte, no es leal reemplazar a alguien que ha estado a tu servicio por años sin darle una oportunidad para enmendarse.- evidentemente nuestro héroe ha desistido de sus antiguos propósitos revolucionarios.
-¿Cómo confiar después de algo así? El amo no es tonto, conoce las debilidades de los gallos, como la de querer cantar a las cinco, así que es lógico que haya querido reemplazarte, por miedo a que reincidas. Vos mismo dijiste: es un deber asegurar la felicidad propia, pues el que no está contento con su estado puede ser víctima de la tentación de infringir sus deberes. Mejor entonces que vos te dediques a ser feliz y que el amo haga lo propio.
-¡Cortala con Kant!¿vos no podés cometer el mismo error que yo?
-Lo veo poco probable.
-¡Ay, sí, ay, sí! Ya vas a ver en un par de meses cómo te va a tratar ese delincuente. Ahora porque sos nuevo.
-No lo creo, jamás me he tenido que quejar en mi vida, no me va a pasar ahora. Además, mirá el lado bueno. Por lo menos no te pasó lo mismo que al gallo de un amigo de Mirta I., mi antigua dueña, que lo dejaron de lado por un cordero, un animal tan estúpido...
Se escucha, entonces, la voz del Chancho Estévez:
-¡Che, cortenlannn! No se hagan los erupditos acá. Qué sabrán de la filosofía y esas cosas, si son unos truchos ustedes dos...
Como el chancho Estévez es muy respetado en el ámbito de la granja de Antolino Martín, los dos gallos se callan.

(1) Véase Sánchez Pujol, Héctor, "Cocoquita la gallina mamita", Bs. As., Editorial Sigmar, 1988, con ilustraciones de Chikie.

7 comentarios:

Pillow_of_Winds dijo...

¡Qué gallos cultos! Estoy asombrada del nivel de estos dos emplumados...

el espacio real dijo...

¡el chancho estevez! me sorprende Jopo...

...se nota que su silencio le vino bien (en realidad no se si el silencio o el vino es lo que le viene bien...)

;P

espero el final con ansias!

Josefina dijo...

Jajajajaja. Me acabo de enterar de que existe un tal Chanch.. Estévez que juega al fútbol!!! No tenía ni idea... Cualquier similitud con la realidad fue pura coincidencia.

Chaichi dijo...

Mientras leo me voy yendo por las ramas y...¿sabían que el Héctor Sánchez Pujol que escribió esa pavadez de Cocoquita es el mismísimo Héctor Oesterheld autor de "El Eternauta"? ...en fin...nada ni nadie semo perfectos!...

Josefina dijo...

en serio? jajaja. No te lo puedo creer, qué buen dato.

Josefina dijo...

¡no te lo puedo creer!
¡Es verdad lo que decís!Acabo de corroborarlo.

Josefina dijo...

Y se puede hablar de otros títulos, tales como "Galopito, el petisito contento", "Moñito, el gatito juguetón", "Pancita, el osito aventurero", "Banana, el monito famoso", "Pesito, el leoncito comerciante", "Copito, el conejito haragán", "Quesito, el ratoncito doctor", "Crestita, el gallito valiente", "Paquete, el elefante elegante", "Chipío, el gorrioncito peleador", etc. etc.
Está bien, de algo hay que vivir, ¿no?